¿Perdida la “guerra” con buhoneros y otros?

Los buhoneros son una patente expresión del irrespeto a los espacios públicos, el derecho ajeno y más que nada, dueños de una concepción de que como “padres de familia” tienen derecho a todo, al margen de las normas de convivencia. Las aceras del Hospital Moscoso Puello fueron desalojadas de un desordenado comercio cuyo factor común es la informalidad, insalubridad y el privilegio del uso de las aceras, concebidas para transeúntes y “reservadas” para uso de estos comerciantes desaprensivos. En franco desafío a los funcionarios del Ayuntamiento del Distrito Nacional, volvieron a instalarse, a pocos días de haber sido desplazados. Uno de los primeros errores es que no se le aplican las sanciones y multas, propias de estas violaciones, por miedo a la repercusión mediática y el “costo político”. Son violadores de la ley, armados de exigente valentía y con “derechos” propios, al margen de los del resto y frente a la irresponsabilidad de los que sí tienen que actuar. La arrabalización es una constante amenaza en contra de diseños, planificación y desenvolvimiento de la movilidad ciudadana que requiere de la acción de aquellos que pretenden ser autoridades. No basta el título, sino la determinación para aplicar leyes, reglamentos y disposiciones, sin contemplaciones. Hace falta una ciudadanía vigilante que haga valer sus derechos como munícipes y que no acepte como válidos, el atropello de la mediocridad a que nos han sometido por decenios, los dueños de aceras y calles, en complicidad con inspectores y supervisores que cobran por esos “servicios”. Eso es también corrupción, aunque la cultura popular entienda que “eso e pa que se defiendan y piquen”. Todo se agrava con la numerosa presencia de haitianos con una cultura del desorden, tal y como han impuesto en Puerto Príncipe, donde para transitar, en muchos sitios, los conductores de vehículos tienen que esperar que los “marchantes” quiten su mercancía de la vía. ¿Ahí queremos llegar?

Es evidente que nos resistimos a cumplir la reglamentación que hace una ciudad posible y pretendemos imponer el criterio individual. Los “motoconchistas” protestan porque se requiere casco para el pasajero y no solo para el conductor. El chofer del destartalado carro público, miembro o no de “organización” choferil tiene irritantes privilegios sobre el conductor de vehículo privado, obligado al cumplimiento de todas las leyes. El de carro público no está obligado a utilizar el cinturón de seguridad y los otros sí. Es que se violan hasta las “Leyes Naturales” y de ahí las fatalidades que hacen récord. Somos dados al privilegio, a vivir sobre las leyes, “sobre el bien y el mal” como “chivos sin ley” o con ley propia. Miles de ejemplos dramatizan ese desorden en que vivimos y la enorme dificultad, por asuntos culturales, para obligar a la ciudadanía, toda, a cumplir normas y disposiciones por la convivencia y la paz. ¿falta valor?

El Caribe